“Me divierte conocer, me gusta imaginar e innovar, me sienta bien… (y en mi fábri-ca)”

Javier Borda Elejabarrieta, Dr. I.I., Msc. y MBA; Presidente y C.E.O. de Sisteplant. Profesor de la ETSII de Bilbao (Aula Aeronáutica) y de la Universidad Juan Carlos I, (logística para Defensa). Me gustan las revoluciones que no se notan, las que nacen desde dentro de las personas y lo cambian todo de forma imparable. Tal vez por eso me atraiga tanto la fábrica del futuro no muy lejano. Algo que muy poco o nada tiene que ver con la robótica humanoide, la impresión 3D, la nanotecnología, etc., todos ellos “cacharros transitorios”, como lo fue el CIM (fabricación integrada por ordenador) en las décadas de los 80-90. Estrepitoso fracaso este de un “demostrador de tecnología punta” que iba a revolucionar de repente la industria.

Así que yo no caeré en la misma trampa de nuevo, porque no creo en las revoluciones que sí se notan, las inevitablemente agresivas con las personas, las que los mediocres conciben. Una organización industrial es un sistema complejo, cuyos ejes básicos son un valor diferencial (el único ver-dadero) en producto y proceso que permite vender más caro que los demás, una estrategia adaptativa ágil-mente para aplicarla de forma sostenida, y unas personas motivadas de forma consistente, que se diviertan yendo a trabajar; desde la Dirección hasta el más escéptico operador de máquinas. El funcionamiento interac-tivo y dinámico de esta trilogía es la esencia de hacer bien las cosas, ahora y siempre. Es la clave para elimi-nar todos los rozamientos que nos lastran, y que hacen de nuestras fábricas unos lugares con “altos índices de eficiencia”, pero engañosos porque olvidan el potencial oculto en ellas que pulverizaría cualquier indicador tradicional al uso. Si pensamos en la gestión de recursos humanos (¡¡qué horror de concepto!!) actual, y nos detenemos a pensar en su significado, vemos fácilmente que este es profundamente reaccionario, de contención de problemas, de lograr una motivación que sólo se basa en circunstancias de todo tipo, cosa caducable e inestable. Porque, ¿qué fondo tiene todo esto?.. ¿Pensamos que el trabajo es un mal en sí y sólo intentamos compensar este “inconveniente”?.. Pero es que, acaso, ¿no hay personas que disfrutan con lo que hacen?.. Entonces, ¿cuál es el motivo por el que no nos fijamos en las razones profundas de ello e intentamos generalizarlas?… Conoce-mos la respuesta; “esto no es normal, son muy pocos, la excepción, intentar extenderlo es prácticamente im-posible”. ¿No les parece definitivamente pobre este pensamiento después de casi 200 años de la Primera Revolución Industrial?.. ¿Cómo es posible que, en paralelo, este tiempo nos haya dado algo tan sutil y contra intuitivo como la Teoría de la Relatividad General, la Mecánica Cuántica, o la Teoría de cuerdas?… Los físicos que las idearon -las personas que las idearon- dejaron volar su imaginación, y disfrutaron profun-damente con sus ideas. Por su estética, por su alcance si se conseguían probar con experimentos, y por el enriquecimiento mental que suponían simplemente imaginándolas. “Pero ellos eran los mejores cerebros y estaban libres de resultados; la fábrica tiene una gran tensión, es es-tresante…” ¿Seguro que vivían sin presión?.. ¡Oh! ¡No!, la competencia entre ellos era brutal, todos avanzaban a la vez, el mercado era la comunidad científica, que tenía que aceptar tus ideas por delante de las de los otros y, así, generarte un empleo más estable y un nombre en el futuro. Hay pocas cosas más agobiantes que competir por lograr la inmortalidad del recuerdo. Pero las fábricas están plagadas de ciencia aplicada, que podríamos utilizar para crear una inquietud sistemá-tica y orgánica de forma generalizada, formar en profundidad, dejar imaginar soluciones y conceptos nuevos, probar sus efectos, y así crear un sistema evolutivo que genera retos continuos, porque la tecnología (MI TEC-NOLOGÍA, con o sin “cacharros”) va avanzando sensiblemente y esto se nota, y así te vuelve a “enganchar”. Con esto, hemos creado un sistema con potencial de ser perenne, que toca el fondo de la capacidad de motivación de las personas; QUE SE DIVIERTEN HACIENDO SU TRABAJO, donde el ciclo pensar–experimentar es más fácil que Me divierte conocer, me gusta imaginar e innovar, me sienta bien… (en mi fábrica) 2 en la Ciencia Pura. No conozco a un solo ser humano al que el hecho (incluso por un cierto morbo) de imagi-nar, hacer y probar, no le atraiga. Somos curiosos por naturaleza, y para aumentar dramáticamente esa curio-sidad debemos articular un conocimiento INTERDISCIPLINAR a todos los niveles, hasta los operadores. Des-terrar el limitado y arcaico “especialista”. Los campos de conocimiento a cruzar son múltiples en la Industria; mecánica, electricidad y electrónica, termodinámica, materiales, robótica avanzada y automatismos, nanotec-nología, informática, y OJO!!, también sociología, comportamiento humano, modelos de gestión, e investiga-ción operativa como un buen aglutinador de toda esa interdisciplina. El efecto multiplicador que consigue esto en la creación de un modelo profundamente motivador, autosostenido e INIMITABLE, es enorme. ¿Cuál es entonces la verdadera dificultad para hacer algo así?… Pues yo diría que sólo estas en tres razones que tienen mucho que ver con la pobreza de espíritu y consi-guiente falta de visión: 1. El empirismo como método de trabajo en la industria, porque no permite avanzar en el conocimiento pro-fundo de los fenómenos y, por tanto, no crea inquietud. 2. Un pobre nivel de ingeniería, que es más bien “practicista” que pragmático y que es incapaz de ver más allá de lo que toca y los índices que se exigen, y… 3. …Una carencia de liderazgo gerencial con visión avanzada, y que se limita a asumir, es garante y protege las ridículas asunciones que manejamos y que no son otra cosa que un mero “Taylorismo” maquillado con modernidades. Cuando logramos iniciar un sistema de este tipo (realmente el alma de la fábrica del futuro) y le damos la sufi-ciente inercia, hemos creado algo extremadamente potente, que exige a todos un montón, pero que engancha de verdad a las Personas con la Organización para revolucionarla poco a poco, día a día, sin que se note. ¿Acaso es todo esto distinto a “hacer las cosas bien desde la base”?…NO!! Y ¿cómo lo llamamos cuando no se trabaja de esta manera?… Pues, chapuza, ni más ni menos, la realidad hoy.

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