“Ex, es futuro”

Talento Sénior“Ex, es futuro”
Por José Vera Brusca, de OTS

Antes de empezar a desarrollar el tema, quiero reconocer formalmente (y lo hago con mucho gusto) que la frase que da título al presente artículo, no es mía. La idea que ha servido como punto de partida a estas breves líneas se la debo a la Excma. Sra. Tanya Vella quien, en el momento en que las escribo, es la embajadora de la República de Malta (Repubblika ta’ Malta) en Madrid

Dicha señora me proporcionó / facilitó dicha expresión (y con ella, la idea básica del pretexto del presente texto) en el transcurso de una muy corta conversación que mantuve con ella durante un evento (a mitad de camino entre lo social y lo profesional) que tuvo lugar en la sede de una conocida empresa española. Al saludarnos, me presenté como alguien que era un “ex” de la última empresa en la que trabajé durante mi vida laboral más activa. Dado que, en el transcurso de dicha conversación, la señora Vella me hizo especial hincapié en que la frase era suya, y a pesar de que no se pueda demostrar la “patente”, quiero manifestar, textual y públicamente, su autoría en evitación de cualquier “litigio” personal o posible “conflicto diplomático” entre Malta y España.

Aunque, a primera vista, el mencionado título pueda parecer algo paradójico en su estructura, puedo asegurar que no lo es. Tiene mucho sentido común, a pesar de que éste sea el menos común de los sentidos. Y tal vez por ello y por la brevedad del enunciado, se podría definir (casi) como lapidario. Al terminar de escuchar la frase percibí que, en sí mismo, dicho enunciado posee unas grandes dosis de sabiduría (que no conocimiento) natural y no tanto filosófica, que debería ser desarrollado en un artículo “ad hoc”; y en ello estoy.

Como primera premisa, y sin que quiera pecar de transcendente, todos deberíamos ser conscientes de lo efímera que es la vida, sobre todo cuando nos referimos al ámbito profesional. En cualquier caso, no voy a insistir aquí sobre un tema que ya ha sido cantado y glosado por mejores poetas y escritores, incluso por los famosos “The Beatles”. Porque además de efímera, es muy frágil. La rapidez con la que se producen los cambios en estos tiempos en los que nos toca vivir, debería hacernos lo suficientemente prudentes como para no considerar ninguna situación, por segura que nos parezca, como inmutable.

“El futuro, ya no es lo que era” (Paul Valéry)

Cuando en un lenguaje coloquial utilizamos el prefijo “ex” parece que, indefectiblemente, nos estamos refiriendo al período de vida al que se refiere el sufijo. Por ejemplo, cuando hablamos de: un ex – alumno, un ex – marido, (o una ex – esposa, para ser políticamente correctos), un ex – empleado, un ex -director…, parece que lo hacemos con una cierta añoranza aunque, paradójicamente (y lo digo por la propia señora embajadora), existen algunos cargos políticos en los que no se suele utilizar el prefijo “ex” al nombrar a antiguos ocupantes de dichos cargos. Se trata de los presidentes de un país y de los embajadores quienes, por alguna extraña razón que se me escapa, nunca dejan de ser presidentes o embajadores, como si les costara mucho esfuerzo el desprenderse del cargo; ¡curioso, ¿no?! ¿Tendrá algo que ver con ello la “erótica” del poder?

Todos estos apelativos nos hacen retroceder al pasado y rememorar la época en la que fuimos alumnos, maridos, empleados, directores… y, a veces, lo solemos hacer con cierta añoranza. Sin embargo, y no siempre por desgracia, el pasado es un tiempo del verbo (y, por lo tanto, de la acción) al que no podremos regresar nunca, por mucho que se empeñe la fantasía de Herbert George Wells en su obra: “La máquina del tiempo”. Lo único que hay cierto, dentro de su incertidumbre, es el futuro.

Por esta razón, cada vez que utilizamos el prefijo “ex” (que suele designar: tiempos, situaciones, acciones, hechos… pasados), deberíamos pensar, ya no tanto en el pasado, sino en lo que nos vaya a suceder a continuación y, tal vez, por el hecho de tener varios “ex” en nuestra “currícula”, tendremos más oportunidades en nuestro futuro. Pero lo pasado, pasado está. En realidad, no existen más tiempos que el presente, por cierto muy fugaz, prácticamente instantáneo y el futuro como tal, impredecible, en la mayor parte de los casos, por no decir en todos. Mientras no se demuestre lo contrario, la futurología es una ciencia muy imprecisa, por mucho que los actuales guionistas de cine americano se empeñen y puede ser que, el famoso poeta, en la elegía a la muerte de su padre, no estuvo muy afortunado al afirmar aquello de que:

“Cualquier tiempo pasado fue mejor” (Jorge Manrique)

Algunas personas suelen (o solemos) admitir mal (o por lo menos, no muy bien) el inevitable paso a la situación de “ex”, en el mismo instante de cualquier desvinculación del estado, o cargo, que venían ejerciendo hasta ese momento. Parece como si, físicamente, les hubieran amputado algo de su cuerpo (o de su vida) y, efectivamente, puede que sea así; pero la situación pasada no va a modificar nada de lo que les pueda devenir. A todos ellos, me gustaría hacerles ver la importancia que tiene el futuro utilizando, también con el permiso de Woody Allen, una de sus famosas frases:

“…el futuro es el lugar más importante para mí,
pues es donde voy a pasar el resto de mi vida…” (Woody Allen)

Esta reflexión es la que me hizo pensar en que la sentencia de la señora embajadora, tenía mucho sentido común y, sobre todo, mucha lógica. Aunque después del mencionado prefijo venga una palabra que nos sirva de referente sobre el inmediato pasado de la persona de la que estamos hablando (o escribiendo), el propio titular del cargo o posición debería estar pensando ya en su inmediato futuro, que va a ser lo más importante para él. No se puede vivir sólo de añoranzas, por muy intensas y agradables que éstas sean. Por alguna razón, para mí desconocida pero seguro que explicable por los psicólogos, el ser humano se suele olvidar con mucha facilidad de los malos momentos; sólo recuerda los buenos.

Un ejemplo que me gusta utilizar con frecuencia hace referencia a la gran diferencia de superficie que existe entre la del vidrio del parabrisas de un automóvil y la de los tres espejos retrovisores, juntos. Creo que este ejemplo ilustra bastante bien la idea que es más importante lo que nos espera por delante (y en adelante), que lo que nos acaba de suceder, aunque ello haya sido muy reciente.

Rabindranath Tagore, en uno de sus más famosos versos, nos dejó muy bien explicado el tema de la añoranza:

“Si de noche lloras por el Sol, no verás las estrellas” (R. Tagore)

Una persona, un pueblo, un país, un mundo…, sin proyectos de futuro, se quedarán anclados en el más duro de los ostracismos, llorando por un pasado que, a veces, ni fue.

En este punto, casi final, del escrito me viene a la memoria la famosa frase de Píndaro inspiradora de los atletas de los Juegos Olímpicos de la Antigüedad,

“Llega a ser lo que eres” (Plínio)

No vayas más lejos; que, en versión moderna, L.J. Peter (en su famoso principio) llegó a enunciar como cierto fatalismo.

“En una jerarquía, todo empleado tiende a ascender hasta su nivel de incompetencia: La nata sube hasta cortarse” (Laurence J. Peter)

Concluyendo: El prefijo “Ex -”, no debería ser una referencia al pasado, más bien una ventana abierta hacia el futuro.

“Uno es lo que es, y no lo que ha sido. Si acaso, es lo que será, aunque con muchos condicionantes, propios y ajenos, de difícil manejo y control”.

Una buena receta de “cocktail” llamada “Juventud Acumulada”. Póngase en una coctelera, con hielo picado:

– 2/3 de años bien vividos.
– 1/3 de ilusión.
– Todo ello bien mezclado, no agitado (James Bond dixit), con unas gotas de picardía.
– Un “golpe” de amistad. Impregnar el borde de la copa con azúcar y añadir una hoja de menta.

Lista para servir a cualquier persona, bien intencionada.

José Vera Brusca
Madrid, octubre de 2015

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